Escuchando James Blunt a las once de la noche, se acuerda de que esa canción encajaba perfectamente con sus formas de hombre encantador...
Se acuerda de su forma de bailar cuando bailaban descalzos con la música de la radio.
Se acuerda de tu forma de correr, de tu forma de soñar, de hablar. Piensa que como él hay pocos...
Se acuerda de que se dejaba llevar por el cosquilleo y la pasión mientras él tanteaba con las manos en su tripa, convirtiendo la habitación en un dulce atardecer.
Se acuerda que era él el que le traía cola-cao y tostadas con mermelada a las once la mañana, y le enamoraba con cada mirada, cada caricia y con cada te quiero, que tenía aquella sonrisa tan suya y aquella carcajada acompasada con sus ojos verdes...
Mira el colchón y aún siente el sudor calando el nórdico de plumas mientras su sonrisa que se extiende por las mejillas hasta llegar a esas ganas de vivir pegadas a sus comisuras se asoma entre el cojín... sintiendo la pasión de besarte y poder alcanzar el cielo sintiendo tus labios rozando los suyos lentamente...
Se acuerda de las caricias dadas que aún no se habían inventado.
Se acuerda de cada caricia suya realizada con la punta de sus dedos invadiéndole ese sentimiento.
Se acuerda de aquella muchacha que corría con el corazón en las manos que tropezó dos cientas mil veces hace mucho tiempo...
Para ti, este beso en el viento. Te lo manda allí, te dirá lo que siente.